viernes, 26 de febrero de 2010

AMOR ETERNO

La isla en la que estábamos pasando unas vacaciones era, creo, la única que quedaba en el Pacífico que reunía todas las condiciones que debe tener el paraíso.


De pronto, todo se detuvo, asombrosamente las personas comenzamos a mirar hacia un mismo punto, también miré, hacia dónde todos lo hacían. NADIE me explicaba porque en ese lugar tan especial, rodeado de árboles, flores esplendorosas y pájaros multicolores, los árboles contrariamente al resto de la isla amacaban sus copas como si lo hicieran al compás de una suave música y los pájaros hicieran un respetuoso y sutíl silencio.

Me acerqué lentamente atraída por la curiosidad y entonces lo ví, un hombre y una bella mujer tomados de la mano mirándose enamorados, parecían flotar sobre la vegetación, me acerqué lentamente y traté de hablarles, no me escucharon, seguían mirándose embelezados y comenzaron a bailar en ese momento me dirigí a los que alli estaban ¡No los ven! ¡Estan bailando!

NO, me dijeron extrañados, sólo sentimos una rara sensació que proviene de allí. Asombrada me volví y comencé a caminar hacia ellos, vestían trajes de época pasada y flotaba en el aire aromas de azahares, cuando casi los tocaba se perdieron entre los árboles, girando al compás de un suave vals.

Volví a mi hotel pensando en lo incomprensible de lo sucedido, mi asombro no tuvo límites, allí en el hall sobre una chimenea, rodeado de una ténue y cómplice luz estaba un retrato hecho al óleo de la pareja misteriosa que acababa de conocer, volvió a inundarme la misma ternura y emoción. Entonces. pregunté ..

¿Quienes son?, los dueños, me contestaron. ELLA una hermosa mujer, EL, un poeta, murieron de viejitos en esta isla que fue dicen, el refugio de su amor, hoy hace exactamente 50 años, dicen que él no soportó la soledad sin ella y la fue a buscar, internándose en el mar, pero claro, dijo el conserje, ES UNA LEYENDA.
Sonreí y me dirigí hacia mi habitación, segura de haber sido testigo de
UN AMOR ETERNO